La flor más autóctona de Cuba: Celia Sánchez Manduley

celiaDesde niña tenía el hechizo de las amapolas y la inquietud de los manantiales. Era traviesa y decidida al punto de sumergirse en un marabuzal para burlar a quienes la perseguían. Subió sin temor a la Sierra Maestra, fue la primera mujer en hacerlo.

Desbordó humanidad y creció en justicia como la palma real. Fue libre y emprendedora como el tocororo. Gracias al influyo de su padre tuvo la oportunidad desde montar a caballo hasta pescar con hombres curtidos de mar.

Fue tierna y delicada como la mariposa blanca y es que tenía el don mágico de ser naturaleza y esplendor, fortaleza y sentimiento. Ella era ese modesto ser que lo mismo empuñaba  un arma que hablaba tiernamente por la radio. Y aunque las palabras para describirla son infinitas sé que siempre será para Cuba simplemente: nuestra Celia Sánchez, la flor más autóctona de la Revolución.

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