La periodista y su crónica más difícil

perioditaOjos húmedos, piel de gallina y corazón  agitado acompañan cada letra. He tomado la más peligrosa y comprometida crónica que jamás me haya propuesto. Estoy leyendo y buscando en cada huella del corazón lo que podría expresar acerca de esta profesión; y caramba, se me acaban las baterías de la grabadora para la autoentrevista. Se me pierde el cuestionario bien diseñado y el silencio absorbe cada movimiento como si de repente me hubiera trasladado frente a los grandes molinos que marcaron el paso del Quijote para convertirse luego en gigantes que pretenden atraparme; pero me alumbra una potente luz en lo último del túnel y muestra el camino que me sitúa ante la diaria cuartilla en blanco desafiante por cada pensamiento que adivina, recordándome ¿No eres periodista? ¡Encuéntrale solución a tu problema!

La provocación me convierte en domadora de fieras, acepto el reto y transformo mi  pluma en tierno látigo, la impregno de ritmo cubano con el que dibujo cada línea como si el tiempo y yo bailáramos la danza más romántica y seductora del planeta. Ajusto mi puntería esculpiendo en certeros pasos, ideas, flores.

Recuerdo mi primera entrevista con Buena Fe y aludo a todo el conocimiento económico que mi experiencia de principiante ha captado. Resuelvo ecuaciones para que me atiendan, combato contra el tiempo y el diccionario; y amarro a la musa con potentes cuerdas  de seda a la pata de la mesa; mientras, le presto al amor mi computadora para que busque en google por qué es tan famoso.

tecladoMuchas cosas  pasan y yo aún sin grabadora, ni agenda, ni teclado; pero escribo la más difícil crónica que jamás terminaré aún siendo periodista; por qué no encuentro la solución, por qué intento hacer el amor con el punto final que no se presenta.

Al fin me encuentro, sí, soy yo, esa que ha perdido su nombre para convertirse en… ESheila barros  fals su amiga periodistasa que aunque quiera jamás conseguirá poner fin a esta crónica, porque aún me faltan muchos tropezones, mucha gente por conocer, vida por vivir; pero no siendo solo yo, sino el ser más curioso, inquieto, infantil y preguntón, sencillamente: la periodista

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