Un viaje por La Noche…

amantes-y-lunaA La Noche de Excilia Saldaña llegué a través del amor. Sí del amor, y lo repito, porque la conexión que instalé con una persona muy especial me hizo sumergirme prendida de su mano en el mágico mundo de la abuela sabia y la nieta curiosa donde no solo los niños encuentran respuestas a sus preguntas, sino también los adultos nos pertrechamos más que de una conversación vestida de inocencia, de sólidos consejos para una vida en construcción; donde en un zapato, en una concha de caracol, un ala de mariposa, la corona de una piña, en las arrugas del anón; en la masa de la calabaza y el cogollo de la col; olemos, probamos y tocamos la poesía más sublime que alimenta el alma.

En el largo viaje de un beso aprendí dónde vive el Egoísmo y dónde la Bondad, cerca de allí escribí versos pensando en poemas, buscando a la fantasía y viendo llorar al río por un amor perdido. Atravesé las nubes y me encontré con Pitirre, el niño más rambulero de las tantas historias de la que fui protagonista.

Me subí a la espalda de un mito y pude conocer de su propia boca que nació en el pasado de la Tierra y que a partir de allí comenzó a crecer la semilla pródiga de los hermosos poemas.

Mirando al güije que voló, un dardo de hielo hirió mi mejilla y así supe con la respuesta que la abuela me dio que me había dañado la mentira. Me recosté en la cabellera de un hada que vive bajo la tierra, sí muy verde, era la hierba y en ella me dormí.

Más tarde escuché a los lejos a la inquieta nieta preguntar acerca de la envidia y el odio; y al conocer sus definiciones me alarmé mucho, pues el amor que me había conducido hasta este lugar mágico estaba muriendo lentamente y a su lado divisaba a una pobre palabra que de niña no le habían dicho que era bella.

Mi mano apretaba fuerte a la de mi enamorado y a medida que iba haciendo mías las palabras de La Noche, sentía que el corazón de mi amante temblaba de frío sin recordar que existía el Sol. Y entre razón y corazón la abuela me aconsejaba que:”…El amor todo lo vence, pero hay que enseñar al amor. No en la ciega venganza del torpe, ni en el rencor de la frustración sino en la lucha hasta la victoria para que triunfe lo mejor.”

portada de la nocheCon su consejo supe que aunque mi pensamiento respiraba en cada oscuro, nostálgico y a la vez feliz diálogo entablado para transmitir las más puras enseñanzas de la vida -en simples palabras que edifican grandes obras-; era hora de retar a ese viento que escapa, que es silencio, que acalla en la sangre valor y riesgo; y por supuesto se llama miedo, al que unos animalitos tontos que vieron lo que no existía y oyeron ruidos inciertos alimentaron por mucho tiempo. Había llegado el momento de acabar con él y con la plaga de los celos, para dejar instalado de una vez al celo, al guardián de la cosecha.

A medida que me iba sumergiendo más y más en las páginas de La Noche entendía que el sitio que enmarcaba la circunferencia de un abrazo me acerca como un imán a mi príncipe encantado por el que conocí a la abuela y su nieta; solo que el mismo lugar de la circunferencia de un abrazo me obligaba a extender mis manos para acurrucarlo, muy parecido a lo que le sucedió a la lechuza y el sijú, una de las fascinantes historias de este volumen.

Y así entre tanto andar bajo las estrellas lejanas que jamás le ganaron espacio a la Negra y Majestuosa noche olí a flor en mi pelo y vi saltar a un conejo por lo que supe con tristeza que me encontraba en la última página donde la abuela, la nieta y la Noche se iban en busca de otro cielo, donde otro libro esperaba en blancas cuartillas a ser cómplice junto a mi, de insomnes sueños que jamás podré olvidar aún con los ojos abiertos.

 

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