Candita Batista, suave elogio camagüeyano

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Por Máster Kezia Zabrina Henry Knight,  especialista de la  Casa de la Diversidad Cultural Camagüeyana

La Vedette Negra de Cuba espera, abierta la puerta como de costumbre y con la ternura que la caracteriza, una conversación que desde días antes estaba concertada.

Su emblemática sonrisa dio inicio al encuentro; las palabras, las fotos… comenzaron a fluir: “¡Oh!, España, España es mi segunda tierra”. Expresó Candita cuando conversábamos familiarmente.

Ciertamente esta mujer virtuosa y sencilla, condiciones indispensables del talento extraordinario, expresó estas palabras con un brillo casi tangible en sus ojos.  Fueron cerca de 20 años recorriendo escenarios europeos, latinoamericanos, norteamericanos y norteafricanos, cosechando lauros, vítores que, en sus ya 98 años, recuerda con nostalgia y  alegría contenida.

Del pueblito de Senado a grandes teatros del mundo
“Nací en el Central Senado, el 3 de octubre de 1916, mi madre Avelina, ama de casa, protagonista de 13 partos y mi padre José Ramón, albañil; fue mi primer maestro.  Me  enseñó a leer la cartilla.

“Mis abuelos fueron esclavos, conocí a mi abuelo Roque Batista, africano, muy anciano, su físico muy maltratado, hablaba con nosotros muy tropelosamente, él le contaba a sus hijos, a mi papá sobre todo, que le habían dado azotes por eso los dedos los tenía completamente lisiados.  Hablaba muy bonito en congo, pero muy bonito.

“A los 12 años vinimos para Camagüey y a los 17 ya cantaba con varias orquestas.  Empecé con la Orquesta de Ángel Tomula, luego la Especial, Columbia, La X.  Por otra parte, La Sociedad de Instrucción y Recreo Victoria a la cual me presentaron a los 15 años,  me sirvió de mucho, pues trabajé con Generoso Gutiérrez, quien fue un reconocido director de bailes, de comparsas, teatros y me permitió ir con él a otras `sociedades´ de la época”.

Siendo muy joven esta artista, como casi todos los colosales hombres y mujeres, conoció de muy cerca el sufrimiento por la pérdida de varios hermanos y del esposo de solo 21 años, el violinista camagüeyano Víctor Agüero.  Mas,…la vida sigue a pesar de los embates y partió para la Habana, “(…) para integrar la Orquesta de Obdulio Morales e incorporarse a un espectáculo musical dirigido por Paco Alfonso”.

Obdulio Morales, interesante figura del desarrollo musical cubano, se dedicó a estudiar las células rítmicas de la música africana desde 1936, lo cual le permitió incorporarlas a la escenografía musical y fundar el Grupo Coral Folklórico de Cuba, por el que pasaron figuras insignes, entre las que se destacaron: Candita Batista, Mercedita Valdés, Pastora Doné, Xiomara Alfaro, Juana Bacallao, Bertha de Cuba…

Luego Candita fue presentada a la Compañía Batamú, también de Obdulio,  por su segundo esposo, Julio Morales, representante de esta orquesta.  Eran músicos negros que, bajo la tutela de Armando Borroto, tenían un espectáculo  afrocubano.

Y fue en el teatro Martí en el año 1941 donde trabajaron 15 días seguidos con este espectáculo.  Allí debutó como una artista de perfil nacional y a su vez este teatro le sirvió de catapulta a los grandes escenarios internacionales.

“Los directores del teatro Artigas y Campos no querían negros, cosas de la época, ¿tú sabes? Pero, el espectáculo fue algo muy grande, de mucha aceptación, tremendo éxito, y en ese momento llegó José Bridas de México, le encantó y estuvimos tres meses con el Teatro Lírico en ciudades importantes de ese país”.

Esas puertas abiertas fueron las sendas de una ruta victoriosa de la Emperatriz del Afro, la Diosa del Ébano, la máxima figura cubana de color, como la nombraron en Sevilla en el año 1951; los portugueses la vieron como la Extraordinaria vedette negra.

Esos sobrenombres forman parte de los anuncios de periódicos ya añejos, guardados con gran celo pero sin el conocimiento necesario para su conservación, que con toda solicitud su sobrina, Josefina Aróstegui Batista, me fue mostrando uno a uno.

La voz de oro de Cuba, la más fiel intérprete de los sonidos antillanos recientemente triunfadora en Londres, Berlín, Bruselas, fue uno de los titulares que me hicieron entender por qué tantos españoles de diferentes edades que pasan por Camagüey, preguntan y saludan a nuestra vedette.

Los contratos en Francia de 800 francos la jornada, durante cuatro semanas, su repetición a solicitud del público a partir del 22 de septiembre del año 1950 en el Cabaret Parisiena de Bruselas, con escenarios fastuosos, peinados de fantasía, toda imponente y dueña del espacio, me hicieron recordar a otras estrellas contemporáneas suyas como Josephine Baker, Celia Cruz, Lola Flores, Celeste Mendoza, Elena Burke, entre otras.

El cine, el teatro, la radio… fueron parte de su vida también.  Pero el canto la signó para siempre como una de las que el catálogo internacional de las décadas del `40 y `50, no pudo obviar.  Compartió escenarios además con Nat King Cole, Charles Aznavour, Michel Legrand, entre otros grandes de la cancionística internacional.

Angelitos negros,… esa canción la identifica tanto que ha sido uno de los  seudónimos artísticos más conocidos de Candita Batista.  Su compositor fue el venezolano Eloy Blanco, con música de Masist, según recogió la prensa de la época.

Puede decirse que esta gran artista camagüeyana es la  genial creadora de la pieza musical,  por los aportes interpretativos, los giros melódicos, dramáticos, silencios oportunos y la alta comunicación que logra con el público en cualquier plataforma del universo.

En el año 1950, la firma disquera Columbia, de los Estados Unidos, la catalogó como una de las celebridades del canto.  En África  del Norte su debut fue sensacional junto al bongosero Rubén Amat, el  Gran Ballet Sevillano, La Orquesta Calahorra y el vocalista Angelines Gara, quienes fueron la sensación de los festejos por el día del Alzamiento Nacional.

“El 5 de junio de 1959 fue uno de mis últimos contratos en el exterior en Alemania, incluso dejé recomendado a Bola de Nieve y vine para Cuba ante el reclamo de mi madre.

Su petición de que regresara me hizo pensar que quería estar los últimos días de su vida a mi lado y prioricé mis sentimientos, eso me hizo sentir feliz conmigo porque estuve con ella en La Habana,  luego en mi Camagüey, al cual nunca he renunciado y  donde le cerré sus ojos.

“¿El cutis? … En una ocasión coincidí con Josephine Baker en Paris y me dijo…azúcar prieta y agua para la cara, nada más…  Y fueron los valencianos los que me dijeron cómo debía peinarme, siempre hacia arriba con un moño y desde entonces así lo he hecho. Son muchos los recuerdos, muchos…”

“Así comenta Candita lentamente, sin apuros, sabedora de su gran don de la conversación, las manos se entrelazan con los dedos finos, con sus uñas cuidadosamente arregladas, que de vez en vez tocan su bastón, que la acompaña al caminar dentro de la casa y en sus escenarios.

Los labios son dueños de una sonrisa elegante, que con sus ojos y nariz constituyen los elementos definidores de un rostro que varios artistas de las artes plásticas han perpetuado, entre ellos el artista Víctor Moreno, uno de los primeros en hacerlo, retratista de gran valía por la maestría que tiene al abordar los retratos.

Los matices sepias, blancos y las sombras, captaron la esencia sicológica de la vedette; las líneas sinuosas su encanto y la luz, su trascendencia.  Ubicó el rostro entre brumas, quizás aludiendo a la canción Angelitos negros, que por asociación, vuelve a la memoria.

Hoy parte de su universo artístico está atesorado en una muestra permanente de la sala de Música y bailes populares en la Casa de la Diversidad Cultural Camagüeyana, de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Por otra parte, Candita Batista Batista, el suave elogio camagüeyano, conocida en el perfil internacional como la Vedette Negra de Cuba, forma parte del Catálogo de la UNESCO como Sitio de Memoria de la Ruta del Esclavo.

La vida de esta gran mujer, su ancianidad con múltiples valores agregados, me hizo advertirla como un relámpago indetenible que nació en el pueblito de Senado, destelló su luz prístina siendo una adolescente en la Sociedad Victoria y aún se le revelan nuevos espacios para irradiar.

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